Evangelio y Lecturas del día 8 de enero de 2026

 Encabezado

Primera Lectura

Lectura del Libro del Profeta Isaías

Oráculo del Señor:

Comparte el pan con el hambriento
y alberga a los pobres sin techo;
cubre al que veas desnudo
y no te despreocupes de tu propia carne.
Entonces despuntará tu luz como la aurora
y tu llaga no tardará en cicatrizar,
delante de ti avanzará la justicia
y detrás de ti irá la gloria del Señor.
Entonces llamarás, y el Señor responderá;
pedirás auxilio, y él dirá: «¡Aquí estoy!».

Si eliminas de ti todos los yugos,
el gesto amenazador y la palabra maligna;
si ofreces tu pan al hambriento
y sacias al que vive en la penuria
tu luz se alzará en las tinieblas
y tu oscuridad será como el mediodía.

Palabra de Dios, Isaías 58, 7-10

Salmo responsorial

R/ El justo brilla en la tiniebla como la luz

Para los buenos brilla una luz en las tinieblas:
es el Bondadoso, el Compasivo y el Justo.
Dichoso el que se compadece y da prestado,
y administra sus negocios con rectitud. R/

El justo no vacilará jamás,
su recuerdo permanecerá para siempre.
No tendrá que temer malas noticias:
su corazón está firme, confiado en el Señor. R/

Su ánimo está seguro, y no temerá,
hasta que vea la derrota de sus enemigos.
Él da abundantemente a los pobres:
su generosidad permanecerá para siempre,
y alzará su frente con dignidad. R/

Salmo 111, 4-9

Segunda Lectura

Lectura de la Primera Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios

Por mi parte, hermanos, cuando los visité para anunciarles el misterio de Dios, no llegué con el prestigio de la elocuencia o la sabiduría. Al contrario, no quise saber nada, fuera de Jesucristo y Jesucristo crucificado. Por eso, me presenté ante ustedes débil, temeroso y vacilante. Mi palabra y mi predicación no tenían nada de la argumentación persuasiva de la sabiduría humana, sino que eran demostración del poder del Espíritu, para que ustedes no basaran su fe en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.

Palabra de Dios, 1Corintios 2, 1-5

Evangelio según San Mateo

Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por los hombres.
Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad en la cima de la montaña. Y no se enciende una lámpara para guardarla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa. Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en los cielos.

Palabra de Dios, Mateo 5, 13-16



Luz del mundo

En este breve pasaje, Jesús nos enseña la forma más efectiva de evangelizar. No se trata de grandes sermones elocuentes y magistrales; no propone rituales ni oraciones; ni tampoco una solemne jerarquía eclesial. No se trata de construir grandes templos ni peregrinaciones a imponentes santuarios. Es un método sencillo y al alcance de todos: ser buena gente, simplemente eso.
En un tiempo absolutamente convulsionado, donde la razón se ganaba a fuerza de sangre y muerte, donde aparecían nuevos dioses por todas partes, tratando de ganar adeptos con amenazadoras magias y maldiciones, Jesús propone simplemente ser bondadoso, generoso, hacer el bien que nos gustaría que nos hicieran, darnos una mano, unos a otros, y desde nuestra pobreza. El amor, en definitiva, es la luz que se enciende en la oscuridad de nuestro corazón y que nos permite ver a los demás como hermanos, y al verlos, descubrimos el verdadero rostro de Dios; el amor es la luz que nos permite ver la generosidad del Padre, cada vez que compartimos lo poco que tenemos; la luz que nos hace ver su inmensa misericordia, cada vez que perdonamos, que damos una palabra de aliento, en cada abrazo, en cada gesto sencillo que reconforta el alma de alguien más. El amor que nos tengamos los unos a los otros, será siempre la prueba más convincente de que Dios existe, de que su Reino es posible y que el mal ha sido vencido para siempre. El amor será siempre la luz que ni la muerte podrá apagar jamás.

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